De periodista a taxista…. Conociendo los “gases” del nuevo oficio

De periodista a taxista….

Conociendo los “gases” del nuevo oficio

 

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Mi mas querida clientica

“Soy humano, nada de lo que es humano me es ajeno”, esto lo dijo un filósofo romano llamado Terencio, pero yo llegué a saber de esta frase por mi papá oriundo de San José de Guaribe, así que siento esa expresión no por allá por Roma, sino por pleno llano venezolano. Pues bien, en este trance de inmigración perfectamente puedo acomodar la frase y decir “soy venezolana, nada de lo venezolano me es ajeno”. Lo digo porque, en esta segunda entrega de mi reporte a ustedes como periodista devenida en taxista a consecuencia de la inmigración, necesariamente debo confesar que no ha sido fácil lidiar con mi ego, ese ego que los venezolanos tenemos en demasía, como el petróleo. Si no confieso esto, no sería auténtico este relato.

 

Ese ego tricolor, insistía en abordar mi carro y sentarse de copiloto recordándome lo que era y lo que circunstancialmente ahora soy. Más de una vez lo mandé a callar tan fuerte que quizás los pasajeros lo notaron. Sabía que tenía que aniliquilar esa molestosa vocecita. Me estaba impidiendo hacerme de unos buenos dólares, tratando de desmotivarme. Así que resolví el asunto con una llamada a mi papá en Venezuela. Siendo el autor de mis días y psiquiatra, tiene gran facilidad para reconstruirme cuando llego a él hecha piezas. También mi amiga y coach maracucha-mayamera, Andreina Atencio (otra ganancia de este blog) me lanzó un salvoconducto: “Aymara estás construyendo una mejor versión de ti misma como ser humano, esa que solo se  muestra en tiempos de cambios, adversidad y desafíos”. Andreina me invitó a “contemplar y maravillarme con las nuevas personas y vivencias que me trae el ser taxista. Me convidó a usar mi creatividad para darle al nuevo oficio mi característica propia, usando mi profesión para enriquecerla”

 

Luego de mi interacción con estos dos profesionales, se apagaron las  luces de “mantenimiento” de mi tablero personal y seguí dándole duro al taxi. No se si por ser hija de psiquiatra, yo considero a la terapia del psicólogo, psiquiatra o Life Coach como artículo de primera necesidad: algo así como comer, dormir, amar y hacer terapia.  No solemos darle importancia a nuestra salud mental, cuando eso es fundamental, más aún en trances de inmigración (mi papá ya no ejerce pero Andreina sí y este es su sitio web  www.lamaletamigratoria.com)

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Aqui se ve lo depositado por Lyft en un fin de semana. Tuve referidos que usaron mi obsequio de carreritas y por hacer que otros usen la aplicación, Lyft me paga.

Después de resolver exitosamente lo emocional, me enfrenté a un nuevo reto: Lyft me envía un resumen diario de mi trabajo diciendo cuánto gané y cuál ha sido la evaluación que hacen mis pasajeros de mi trabajo. Un día me di cuenta que estaba en “riesgo de desactivación” : “Ay mamá debe ser aquellas dos ocasiones donde me pelé los cruces y llegué algunos minutos más tarde a buscar a mis pasajero”- pensé. Quienes me conocen saben que entre Dory de Nemo y yo, no hay diferencia. A veces pienso que soy un caso de Deficit de Atención no diagnosticado, me cuesta incluso reaccionar rápido cuando me dicen derecha e izquierda y eso me pasa en español, contimas en inglés. Me sentí como en un Reality Show, siendo yo la amenazada de la semana. Así que llamé a mi mentor (conductor mas experimentado que Lyft te pone de guía), quien me dijo que Lyft esto lo toma muy en serio, que pusiera todos mis sentidos en lograr un buen puntaje. Me dijo: “la mejor recomendación es sonreir siempre, tener tu auto impecable, que huela rico y por Dios no te pierdas, ponle cuidado a tu GPS” Cabe destacar que mi GPS habla inglés y mis pasajeros todos también porque hago Lyft en Fort Lauderdale, que es una zona donde el español no está diseminado como en Miami. Así que a ponerle atención a Maria, mi GPS, y a las indicaciones en el inglés apurado que suelen darme los pasajeros. Nada fácil. Creo que ese es el verdadero reto y sé que este trabajo terminará de pulir mi inglés: un filón positivo a resaltar, diría Andreina, la coach maracucha.

 

Con las emociones controladas y el reto de no salir raspada en un oficio cuya dificultad yo había menospreciado, me propuse lograr las 5 estrellas siempre, y pues me ha resultado la sonrisa y la amabilidad que le devuelvo a mis pasajeros, porque eso si te tienen ellos, todos mis pasajeros -mayoritariamente gringos- son extremadamente amables. Así, llevé a un señor a divorciarse en la Corte (iba contento supongo que el divorcio más que problema era solución) ; llevé a una encantadora pareja homosexual a celebrar su primer año de matrimonio, querían tomarse unos traguitos por lo tanto no usaron su carro sino que optaron por Lyft, servicio que los salva de un DUI (multa extremadamente costosa por manejar bajo intoxicación etílica o de otras drogas); Llevé a una fiesta a dos mujeres gringas quienes al entrar me regalaron una sonrisa llamándome “colega”, pues ellas igualmente eran Lyft conductoras. También fue usuaria de Lyft durante tres días en los que me tocó cubrir periodisticamente un evento y no debe ser casualidad que de 6 conductores con los que compartí, 5 eran venezolanos.

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La evaluación que hacen de mi, mis pasajeros. Y conste que no les pago para que digan eso, mas bien ellos me pagan a mi.

En fin, el saldo es muchas vivencias, unos buenos dólares entrando a mi cuenta, desacostumbrada a esa actividad frecuente y finalmente, mi satisfacción personal.

Y a todas estas ustedes deben estar  preguntándose qué tiene que ver el titulo que usé para esta segunda entrega de mis reseñas de periodista a taxista. Pues le cuento: una vez siendo reportera tuve que ir a cubrir una noticia  de última hora sentada en las piernas de mi camarógrafo, a quien insistentemente yo le pedía disculpas por tener que posar mi pesada humanidad sobre sus piernas y él me decía: “no se preocupe licenciada que estos son los gases del oficio”. Yo, atorada de la risa, le explicaba que eso nada tenía que ver con gases, que la expresión correcta era gajes del oficio. Esa anécdota cómica vino a mi mente esta semana cuando ejerciendo mi profesión de taxista, pasé por un lugar en Fort Lauderdale donde yo sé que siempre huele a gas metano o butano…todo eso mezclado y expelido por una cañería humana (aja a eso mismo que está usted pensando). Íbamos solo dos personas en el carro y es muy fácil reconocer al autor de una flatulencia cuando hay solo dos personas compartiendo espacio. Noté que mi pasajero bajó el vidrio y yo, pensando en que perdería mis 5 estrellas y por un gas que de paso era ajeno, no dudé en decirle:  “Le recomiendo que no baje la ventana porque ese olor viene de afuera. Frecuento esta zona y se que ese olor siempre está aquí”. La aclaratoria funcionó: logré mis 5 estrellas.

Libre de complejos y flatulencias, sigo mi camino feliz mientras espero mejores aires… o gases. Para quienes vivan en EEUU y necesiten carreritas gratis, aquí les dejo 50 dolares en rides gratis. Usen este link https://www.lyft.com/invite/AYMARA377605?p=c

Cordialmente les invito, si es de su gusto, a suscribirse a mi blog y les llegarán por correo cada uno de estos sabrosos guayoyos. Salud mi gente!

Esta entrada fue publicada en Sin categoría, Venezolanos "de a pie" y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a De periodista a taxista…. Conociendo los “gases” del nuevo oficio

  1. ligiasaez dijo:

    Extraordinario tu artículo!!!mezcla de valentía, nostalgia y humor, en el se marcan claramente las cuatro emociones básicas:tristeza, miedo,ira y alegría,,,eres un extraordinario ser humano sabes amiga todo pasa!!!! Con afecto Ligia

    Enviado desde mi iPhone

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